En un momento en el que la ciencia avanza a una velocidad sin precedentes, el verdadero reto ya no está solo en descubrir, sino en convertir el conocimiento en impacto real. Que la investigación salga del laboratorio, se transforme en soluciones concretas y llegue a la sociedad sigue siendo uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo.
Pilar Mateo lleva décadas demostrando que ese puente es posible. Científica de referencia internacional, emprendedora y defensora del impacto social como eje de la innovación, su trayectoria rompe la frontera tradicional entre ciencia, empresa y compromiso con las personas. Su trabajo es una prueba de que la excelencia científica no está reñida con la vocación transformadora, y de que el talento, cuando se conecta con propósito, puede generar cambios profundos y sostenibles.
Con motivo del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, conversamos con Pilar Mateo, presidenta de Inesfly Corporation y vicepresidenta de Impacto de la Junta Directiva de Startup Valencia, para reflexionar sobre los retos de la transferencia científica, el papel de las mujeres en la investigación y el emprendimiento, y la necesidad de construir ecosistemas donde la innovación no se mida sólo en avances tecnológicos, sino también en su capacidad para mejorar vidas.
Pilar, tu trayectoria demuestra que la ciencia puede generar impacto real cuando logra salir del laboratorio. ¿En qué punto crees que sigue fallando hoy la transferencia científica, especialmente en contextos como el español o el europeo?
Convertir el conocimiento teórico en aplicaciones prácticas, es un riesgo enorme que no todo el mundo está dispuesto a correr. Pensemos que desde que se inicia un proyecto hasta que se publican los resultados en una revista internacional de prestigio, estamos hablando de un mínimo de unos 5 años y a veces más. Años de espera para que luego los resultados no sean los esperados y salgan publicados porque los evaluadores del proyecto si o si tienen que justificar su trabajo en forma de una publicación.
En el año 2018, me pidieron un producto ad hoc para combatir el Aedes aegipty, transmisor del dengue. Estamos en el año 2026, y aunque han salido ya 4 publicaciones, los resultados finales esperamos que se publiquen pronto. Por medio, el COVID retrasó el proyecto, pero aun así son 8 años de espera. Creo que se tarda demasiado tiempo, sobre todo cuando de repente llega una epidemia y en un plazo de unos meses ya hay vacunas aceptadas. Es decir, que cuando interesa los plazos se acortan mucho.
A menudo se habla de innovación con impacto social, pero pocas veces se mide de forma rigurosa. Desde tu experiencia, ¿cómo se distingue el impacto real del impacto puramente discursivo?
En mi caso, medir el impacto ha sido siempre relativamente sencillo. Por ejemplo, en el último proyecto que acabo de mencionar realizado en Cúcuta, (Colombia) la Universidad de Friburgo, se aplicó Inesfly SATIS en los lavaderos en el exterior de 20.000 casas y se consiguió reducir el dengue en casi un 60%. Una aplicación que tuvo un coste de unos 3$ por vivienda, lo cual indica una excelente relación coste/beneficio. Esta es la forma más evidente de comprobar el impacto real de los proyectos.
El acceso de las mujeres a carreras científicas ha mejorado, pero los techos de cristal persisten. ¿Dónde identificas hoy las barreras más invisibles, tanto para las mujeres como para otros perfiles que parten de situaciones de desigualdad?
En efecto las barreras invisibles actúan como muros de cristal que resultan muy difíciles de identificar pero que están ahí. En el mundo de la ciencia es donde todavía queda mucho camino por recorrer. Es un mundo muy masculino donde las mujeres, por el hecho de serlo, no somos valoradas de la misma manera. Eso se plasma por ejemplo en las pocas mujeres que reciben premios Nobel u otros con una dotación económica importante. Nos dejan subir a la cima de las montañas, pero no aparecemos en la foto con la bandera del logro realizado. Amplio este comentario a personas de países en vías de desarrollo cuyos logros son difícilmente valorados como se merecen.
Has impulsado iniciativas como Women Paint Too para visibilizar el talento femenino desde una mirada distinta. ¿Por qué es importante ampliar el relato tradicional de la ciencia y la creatividad?
Porque estamos viviendo un retroceso en la sociedad, con grupos que se empeñan en negar lo evidente y que cuestionan sin fundamento los avances científicos. Gracias a las redes sociales, grupos como los antivacunas, los anti cambio climático, o los que cuestionan hasta que la tierra sea redonda, con ideas opuestas al sentido común y a la razón aparecen como poseedores de un gran descubrimiento. Donde antes hubieran sido considerados como charlatanes, hoy aparecen como iluminados.
En este mundo de X, TikTok y Facebook, la concisa alusión, la frase breve sobre un tema, ha sustituido a las exposiciones razonadas. Donde parecía que internet era una oportunidad para mejorar la comunicación entre las personas, el sesgo frívolo y comercial de estos medios ha generado el empobrecimiento cultural y científico de las personas.
Formas parte de la Junta Directiva de Startup Valencia como vicepresidenta de Impacto. ¿Qué significa para ti introducir el impacto como una dimensión estratégica del ecosistema, y no solo como un elemento reputacional?
La ciencia, y en general nuestra vida profesional, tiene sentido cuando sirve para mejorar la vida de las personas. Ese es el concepto que doy al término impacto. No es nuestra reputación personal lo que debe contar sino nuestra capacidad para hacer que el mundo funcione mejor o al menos no lo empeoremos.
Desde la ciencia hacia el emprendimiento, ¿qué aprendizajes crees que el mundo startup debería incorporar con más urgencia para generar soluciones más sólidas y sostenibles?
No soy una experta tecnológica para decir cómo deben las startup deben funcionar. A día de hoy imagino que la IA debe ser una nueva herramienta de obligado conocimiento.
Sin embargo, con el tiempo he visto la importancia de trabajar con otros profesionales de áreas diferentes a las nuestras para tener una visión lo más amplia posible. Por ejemplo, en el mundo de las enfermedades endémicas echo de menos que los médicos, virólogos, farmacéuticos, químicos y veterinarios no colaboren más conjuntamente porque los virus son muy inteligentes y tienen a menudo un origen animal que requiere una visión diferente de los problemas.
Para terminar, ¿qué mensaje te gustaría trasladar a las niñas y jóvenes que hoy sienten curiosidad por la ciencia y el emprendimiento, pero dudan de si ese camino tiene espacio para ellas y para su forma de entender el mundo?
Hay una frase en latin que dice “per aspera ad astra” y que significa algo así como que para triunfar hace falta esforzarse. La ciencia, el conocimiento es un camino que requiere dedicación, estudio y sobre todo tener mucha curiosidad. Para el filósofo Heidegger la curiosidad es uno de los rasgos esenciales de nuestra vida cotidiana y se caracteriza por un continuo y siempre renovado deseo de ver, de conocer, de aprender. Mantener la curiosidad a lo largo de nuestra vida, como algo dinámico ese es el mensaje que me gustaría transmitir.



