Estados Unidos sigue siendo la potencia mundial indiscutible en innovación tecnológica. Un indicador claro es la bolsa: ocho de las diez mayores empresas por capitalización son estadounidenses, entre ellas Nvidia, Microsoft, Apple, Amazon, Alphabet, Meta, Broadcom y Berkshire Hathaway (esta última la única no tecnológica).
Para encontrar representación europea hay que bajar al menos hasta el Top 50, donde aparecen el gigante alemán del software SAP y el líder neerlandés de semiconductores ASML.
Estas cifras muestran que la presencia de Europa en tecnología global sigue siendo limitada frente a EE. UU., pero la pregunta es: ¿está empezando a cambiar la situación?
Europa paga la factura del hardware de IA de Estados Unidos
Hace solo unas semanas, EE. UU. y la Unión Europea firmaron un acuerdo comercial. Europa obtuvo límites arancelarios para exportaciones de automoción, farmacéuticas y semiconductores, mientras que Estados Unidos aseguró compromisos en defensa, energía y compra de chips.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, llegó a afirmar que “los chips de IA fabricados en EE. UU. alimentarán nuestras gigafactorías europeas y ayudarán a Estados Unidos a mantener su liderazgo tecnológico”. La UE prevé invertir en torno a 40.000 millones de euros en chips estadounidenses de vanguardia.
Si nos atenemos a sus palabras (en concreto la expresión “mantener su liderazgo tecnológico”) y al hecho de que Europa está gastando miles de millones en tecnología estadounidense, la respuesta a si estamos cerrando la brecha de innovación parece negativa.
Otros factores refuerzan esta visión: menor inversión de venture capital, rigidez regulatoria, brechas de infraestructura y dependencia energética.
La llamada a un verdadero Mercado Único Digital
Ante este contexto, emprendedores y startups europeas se están movilizando para pedir a Bruselas la creación de un verdadero Mercado Único Digital y un enfoque más flexible en la regulación de la IA.
En la misma línea, el informe de 2024 de Mario Draghi sobre la competitividad europea subraya ideas similares:
-
Europa necesita cerrar un déficit anual de inversión de 700.000 millones de euros respecto a EE. UU. en tecnología e innovación.
-
La fragmentación es el “impuesto oculto” de Europa: sin un mercado único digital real, es demasiado costoso escalar entre países.
-
Pide más capital de riesgo, una Unión de los Mercados de Capitales que permita financiación transfronteriza e inversión masiva en chips y energía limpia.
-
Destaca la atracción de talento: Europa debe convertirse en imán para investigadores y emprendedores de primer nivel.
De forma similar, 25 asociaciones empresariales europeas han reclamado recientemente un mercado digital único genuino para que las startups puedan escalar por todo el continente bajo normas unificadas.
El CEO de Startup Valencia, Nacho Mas, ha señalado también este problema, apuntando a la burocracia y la regulación como barreras para la innovación en Europa. Asimismo, la plataforma de empresas tecnológicas de alto crecimiento e inversores EsTech, junto con la Asociación Española de la Economía Digital (Adigital), celebrará la 3.ª edición de Scalability Day el 23 de octubre en el marco de VDS, uno de los principales eventos tecnológicos internacionales de Europa.
Este encuentro pone de relieve el impacto de las scaleups en la economía, la productividad y el liderazgo internacional de España y Europa.
Casos de éxito concretos ilustran también el potencial europeo. En agosto de 2025, la startup valenciana Maisa cerró una ronda semilla de 25 millones de euros, la mayor jamás registrada en España. Con el respaldo de Creandum, la compañía está construyendo una plataforma para desplegar agentes de IA confiables a escala, un ejemplo de que la innovación ambiciosa puede surgir en Europa pese a las desventajas estructurales.
¿Es la regulación el talón de Aquiles de Europa o su ventaja competitiva?
Cuando se habla de innovación, la regulación es el elefante en la habitación. La Ley de IA europea, en vigor desde agosto de 2024, es el primer marco integral del mundo para la inteligencia artificial.
Las críticas la consideran restrictiva: el Chief AI Scientist de Meta, Yann LeCun, advirtió que sobre-regular la IA de código abierto podría dañar la competitividad europea. Muchas startups temen que los costes de cumplimiento las ralenticen.
Pero existe otra lectura que proyecta éxito a largo plazo para este modelo, al sostener que la Ley de IA fija reglas claras, aporta seguridad jurídica a startups y corporaciones, y podría convertirse en un modelo exportable, como ocurrió con el RGPD en protección de datos.
Es una apuesta, y muchos observadores siguen siendo escépticos, pero medidas de apoyo específicas para pymes, como arenas de pruebas (sandboxes) de IA, documentación simplificada y guías de protección de datos, podrían convertirse en ganadores a largo plazo.
Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, la regulación es mucho menos estructurada: EE. UU. se apoya en marcos voluntarios, y hasta destacados CEOs estadounidenses, como Elon Musk y Sam Altman, pidieron en 2023 una pausa en la IA de frontera hasta que hubiera reglas más claras. Paradójicamente, Europa es la primera en moverse aquí.
Y no olvidemos la joya de la corona europea: ASML, la empresa neerlandesa que domina las máquinas de litografía para la producción avanzada de semiconductores. Sin la tecnología EUV de ASML no habría revolución de la IA, ni en Silicon Valley ni en Shenzhen.
Más allá de la regulación: otras fortalezas de Europa
Europa puede que no gane la carrera en términos de puro músculo financiero (Zuckerberg puede repartir cheques de 100 millones de dólares a investigadores de IA de la noche a la mañana), pero ofrece algo diferente:
-
Modelo social y calidad de vida: sanidad universal, sistemas educativos sólidos y redes de seguridad hacen de Europa un destino atractivo para investigadores y fundadores que valoran algo más que el dinero.
-
Educación y talento: Europa forma graduados STEM de primer nivel y alberga centros punteros en cuántica, robótica y biotecnología.
-
Repatriación y atracción de talento: con visados e incentivos adecuados, Europa puede recuperar parte de su diáspora y atraer talento internacional que busca estabilidad y estándares éticos.
-
Valores y confianza: Europa puede posicionarse como el hogar de la IA responsable, un enfoque cada vez más relevante para ciudadanos y clientes.
Mirando adelante: cómo reducir la brecha
Si Europa no puede competir euro por dólar con EE. UU., necesita diferenciarse estratégicamente. Las recomendaciones de Draghi, junto con las demandas de startups y emprendedores, marcan caminos claros. Se requiere liderazgo decidido para convertirlos en acción:
-
Capitalizar la Ley de IA: hacer de la claridad regulatoria una funcionalidad, no un obstáculo. Ofrecer “cumplimiento por diseño” como propuesta de valor de las startups europeas.
-
Inversión masiva en chips y cómputo: no solo comprar a EE. UU., también construir capacidad soberana aprovechando ASML e impulsando centros de datos europeos.
-
Completar el Mercado Único Digital: permitir que las startups escalen como en EE. UU. o China.
-
Enfoque talent-first: atraer y retener a los mejores con visados, financiación y calidad de vida.
-
Compra pública como palanca: las administraciones deben adquirir y probar soluciones de IA de startups locales, creando mercados tempranos.
Si Europa no puede gastar más que EE. UU., debe ser más inteligente, construyendo un modelo que combine innovación, ética y confianza social.




