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En los últimos años, el mapa de la innovación tecnológica en Europa ha empezado a reordenarse. El capital, el talento y los proyectos tecnológicos ya no se concentran únicamente en los hubs tradicionales, sino que buscan entornos capaces de combinar ambición global, eficiencia operativa y capacidad real de ejecución. En ese contexto, Valencia ha dejado de ser una promesa para convertirse en un ecosistema startup valenciano en Europa que compite, de tú a tú, con otros polos europeos en la creación y el escalado de compañías tecnológicas.

Lo que está ocurriendo en Valencia no responde a una narrativa optimista ni a una suma de iniciativas aisladas. Es el resultado de datos consistentes, rondas de inversión relevantes y decisiones estratégicas de founders e inversores que sitúan al ecosistema startup valenciano en Europa en una nueva categoría dentro del panorama startup europeo.

 

Un año récord que cambia la percepción del sector tecnológico valenciano

Según los datos publicados por El Referente, España cerró el último ejercicio con 3.170 millones de euros invertidos en startups, consolidando un crecimiento sostenido a nivel nacional.

En ese contexto, la Comunidad Valenciana firmó su mejor año histórico en inversión startup, con 237 millones de euros captados en 36 operaciones, lo que supone un crecimiento del 19 % interanual y un incremento del 26 % sobre el acumulado histórico del ecosistema tecnológico. Más allá del volumen absoluto, el sector tecnológico valenciano empieza a demostrar capacidad para sostener rondas de mayor tamaño y proyectos en fases avanzadas, un indicador clave de madurez.

Este cambio de escala responde a un patrón reconocible en los ecosistemas que consolidan su posición en Europa. Menos operaciones oportunistas, mayor foco en compañías con producto, mercado y ambición internacional claramente definidos, y una selección natural que premia a los proyectos con capacidad real de ejecución.

 

Las grandes rondas confirman la madurez del ecosistema

El último año ha estado marcado por operaciones que funcionan como auténticas señales de mercado. La ronda Serie A de Quibim, por valor de 50 millones de dolares, se ha convertido en una de las mayores operaciones del año en el ámbito de la inteligencia artificial aplicada a la salud en el sur de Europa. Más allá de la cifra, la operación confirma que desde Valencia se pueden escalar compañías deeptech con impacto clínico y proyección global.

A esta ronda se suma la Serie A de Maisa, por 25 millones de dólares, centrada en el desarrollo de soluciones avanzadas de inteligencia artificial para entornos empresariales complejos. Su cierre refuerza una tendencia clara: el ecosistema tecnológico valenciano empieza a atraer capital dispuesto a apostar por proyectos de alta complejidad tecnológica desde fases tempranas, con vocación internacional desde el origen.

iPronics, startup valenciana pionera en computación fotónica, captó 20 millones de euros en una Serie A liderada por Triatomic Capital, con participación de Fine Structure Ventures, Bosch Ventures, Amadeus Capital Partners y Criteria Venture Tech. La financiación acelerará el despliegue de su Optical Networking Engine (ONE) en centros de datos de IA, facilitando comunicación rápida, escalable y de gran ancho de banda para infraestructuras de inteligencia artificial de próxima generación.

En el ámbito de la transición energética, Matteco cerró una financiación de 15 millones de euros para escalar soluciones deeptech vinculadas al hidrógeno verde. Es una muestra de cómo el ecosistema innovador valenciano empieza a combinar ciencia, industria y capital en proyectos industriales de nueva generación, un terreno tradicionalmente reservado a hubs mucho más consolidados.

También destaca la ronda de 6 millones de euros de Vidext, centrada en inteligencia artificial generativa de vídeo, junto con la ampliación de capital de Internxt en privacidad digital y cloud, o la ronda seed de Kimera en inteligencia artificial aplicada al comercio electrónico.

No todas las rondas pesan igual, pero leídas en conjunto dibujan un patrón inequívoco. Valencia no solo genera startups, sino que empieza a concentrar scaleups tecnológicas capaces de competir en mercados internacionales, atraer talento especializado y levantar rondas de tamaño comparable a las de otros ecosistemas europeos en fase de consolidación.

 

Founders que eligen Valencia para construir a largo plazo

Este contexto explica por qué cada vez más founders no solo aterrizan en Valencia, sino que deciden construir aquí a largo plazo. No es una cuestión de relato, sino de decisiones operativas y estratégicas que, en muchos casos, se explican abiertamente en declaraciones públicas vinculadas a hitos de financiación y crecimiento.

En el caso de Quibim, su CEO y cofundador, Ángel Alberich Bayarri, vinculó el momento de la compañía a su proyección internacional al afirmar: “Nuestra expansión global en Estados Unidos es un hito clave”.

En el terreno de la transición energética, Iker Marcaide, CEO y cofundador de Matteco, lo formuló con un enfoque de escalado industrial desde el territorio: “La idea es acelerar a una escala industrial desde Valencia y crear un pionero, un líder en los nuevos materiales para la descarbonización del planeta”.

Y en el ámbito de la IA aplicada a negocio, Jon Enríquez, CEO y cofundador de Vidext, sintetizó el salto de la compañía con una afirmación directa sobre capacidad tecnológica desde la ciudad: “En solo 3 años hemos demostrado que desde Valencia se puede construir tecnología de clase mundial”.

Christian Dupont, CEO de iPronics, es otro ejemplo de cómo la innovación tecnológica desarrollada en el ecosistema startup valenciano tiene impacto a escala global. En el marco de la ronda de financiación, afirmó que “la tecnología de iPronics permitirá ampliar dominios de GPU con interconexiones ópticas rápidas, aumentando la capacidad de cálculo y proporcionando baja latencia, y que esta inyección de capital acelerará la implementación en el mercado de soluciones de infraestructura de IA de próxima generación”.

Leídas en conjunto, estas declaraciones no funcionan como testimonios aislados, sino como la confirmación de un cambio estructural. Valencia se ha convertido en un entorno donde los tech founders pueden desarrollar producto, atraer inversión y construir compañías globales desde una base competitiva y sostenible.

 

La comunidad internacional como ventaja competitiva

Uno de los cambios más significativos del ecosistema tecnológico valenciano ha sido la consolidación de su perfil internacional. Esta evolución está respaldada por datos públicos. Según cifras del Instituto Nacional de Estadística y del Ayuntamiento de Valencia, la población extranjera empadronada en la ciudad ha crecido más de un 35 % en los últimos cinco años, superando las 130.000 personas residentes.

Este crecimiento se ha intensificado especialmente a partir de 2022, con un aumento sostenido de nuevas solicitudes procedentes de países europeos y de América Latina. Aunque las estadísticas oficiales no segmentan por sector profesional, informes municipales y análisis de movilidad internacional coinciden en señalar un peso creciente de perfiles cualificados vinculados a tecnología, innovación y economía digital, atraídos por la combinación de oportunidades profesionales, costes competitivos y calidad de vida.

A ello se suma el posicionamiento recurrente de Valencia en rankings internacionales como ciudad preferida por profesionales tecnológicos y talento digital, un factor que refuerza su atractivo como base operativa para startups y scaleups en fase de crecimiento.

El reconocimiento internacional también juega un papel clave. La inclusión de Valencia por parte de The New York Times en su lista de “52 Places to Go in 2026” refuerza la visibilidad global de la ciudad y actúa como acelerador de interés para talento e inversores internacionales.

 

VDS como escaparate global del ecosistema tecnológico valenciano

En este proceso de internacionalización, VDS se ha consolidado como uno de los principales eventos tecnológicos de Europa. En sus últimas ediciones, cerca del 50 % de los más de 12.000 asistentes han tenido perfil internacional, con presencia de startups, inversores y corporaciones procedentes de más de 120 países.

Para el ecosistema tecnológico valenciano, VDS cumple una función estratégica. No solo proyecta el talento local hacia fuera, sino que facilita conexiones de alto valor entre founders valencianos y decisores globales, generando oportunidades de inversión, alianzas comerciales y expansión internacional sin necesidad de salir del territorio.

 

De ecosistema prometedor a ecosistema competitivo

El salto que ha dado Valencia no es solo cuantitativo, es cualitativo. La ciudad ha pasado de ser un ecosistema innovador prometedor a convertirse en un entorno competitivo para la creación y el escalado de compañías tecnológicas. Las cifras de inversión, las grandes rondas, la llegada de talento internacional y la consolidación de una comunidad emprendedora madura así lo demuestran.

En el nuevo mapa europeo de la innovación, el ecosistema startup valenciano en Europa no compite con los hubs tradicionales por tamaño o trayectoria histórica, sino por su capacidad para ofrecer a los fundadores un entorno donde construir mejor, escalar con criterio y pensar en global desde el primer día. Ahí reside su verdadera ventaja competitiva.

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